«No es fàcil ser valencià/na». Exposición.

Cultura e identidad. Un nuevo montaje de la colección permanente del Etno.

Aquel señor barbudo y su media cabeza con moños de fallera me hizo levantar la vista del móvil. Llegó mi metro tapando el anuncio instantáneamente. «No es fàcil ser valencià». Ni que lo digas. Aquellos que hemos crecido en una época marcada por la corrupción, los grandes eventos y las múltiples farolas nos es fácil sentirnos de ninguna parte. Mirar a un lado y no querer ver cómo vuelven a colocar el trencadís en aquél pozo sin fondo que parece la ciudad de las artes y las ciencias. Y al apartar la mirada ver esa pareja de novios haciéndose las fotos de boda y pensar «no serán de aquí»…

El museo etnográfico prometía hacer un repaso a la cultura e identidad valencianas. Tradición pero también modernidad. Así que con algo de curiosidad y mucho escepticismo, allí nos plantamos una sofocante tarde primaveral.

Ciudad. Huerta/ Marjal. Montaña/Secano

La exposición está dividida en 3 partes. La ciudad, la huerta/marjal y la montaña/secano. Yo que soy chica de asfalto (¡a quién pretendo engañar a estas alturas!) la parte de la ciudad, la primera, me enamoró. Una marquesina de la EMT. El valenbisi. Una cabina telefónica. Carteles de neón de tiendas «de toda la vida». Un 600. Secadores de pelo del año del catapún. Imágenes de una misma calle: el vendo oro, el pica-pica 24h, el locutorio,… enfrentados a la paquetería, la droguería y otras tiendas que hace años poblaban nuestras calles. Las pelotas de playa Kodak. Las sombrillas multicolor. Pero también las figuritas de Lladró. Los imanes de paella. Y las paellas con imágenes de monumentos en su fondo.

Lo de toda la vida. Lo antiguo. Lo nuevo. Lo hortera. Aquello que nos avergüenza y nos hace reír. Aquello que forma parte de nuestros recuerdos y con el simple paso del tiempo se ha convertido en Historia.

Avanzamos hacia la Huerta. Y más adelante la montaña. Y sólo me puede maravillar el esfuerzo por abrazar nuestras raíces. Glosarios de instrumental. Y muchas muchas fotos. Antes y después. Patrones de de trenzado de sillas de esparto. Miniaturas de las montañas de nuestro país. Una maravilla que convierte en propio lo ajeno. Y de la que se sale con una sonrisa y ganas de volver.

Una exposición muy instagramera, llena de luces y detalles. Bonita y buena. «No es fàcil ser valencià», pero el Etno nos da un pasado y un presente que nos acoge. Una identidad que vestirnos.


Os dejo el enlace a la web del museo donde podréis encontrar muchas más fotos de la exposición.

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