Bye bye Calibrí.

La lluvia imperceptible golpea un asfalto que parece lejano desde la ventana. Con la taza de té humante en la mano danzo entre mis plantas. Las observo. Las mimo. Valoro la necesidad de riego y quito pequeñas hojitas secas. La calma tras el desayuno y la penumbra de un día lluvioso me permiten abandonar la realidad demandante de un ritmo frenético.

Mis pensamientos vuelven una y otra vez a este post que se resiste a ser publicado. Un post que es papel arrugado en una papelera virtual. Desde el despacho me llegan con amargura las palabras de Bastille:

«But if you close your eyes

Does it almost feel like nothing changed at all?

And if you close your eyes

Does it almost feel like you’ve been here before?

How am I gonna be an optimist about this?»

Pompeii-Bastille

La rabia obliga. Genera una deuda (contar la historia), y un compromiso (ofrecer un final alternativo). Así que allá voy.

Hace a penas unas semanas nos despertábamos con el titular: Calibrí dejará de ser la fuente predeterminada de Microsoft Office. La noticia no tenía mayor relevancia pero la nostalgia ante sorprendente jubilación y la simpatía por el diseño gráfico me empujaron a leerla entera.

Lo que pasa cuando lees con las gafas puestas es que a veces encuentras cosas que no pretendes ver. Microsoft pretende elegir la tipografía que sucederá a calibrí de forma democrática. Una votación twittera decidirá la letra que se impondrá en nuestros textos. Las 5 preseleccionadas son: Tenorite (Erin McLaughlin y Wei Huang), Bierstadt (Steve Matteson), Skeena (John Hudson y Paul Hanslow), Seaford (Tobias Frere-Jones, Nina Stössinger y Fred Shallcrass) y Grandview (Aaron Bell).

Me quito las gafas un segundo. Como queriendo apartar la vista de una realidad que no se desenfoca lo suficiente. Vale, veo a Nina Stössinger. ¿Wei Huang será hombre o mujer? No importa, me digo, son demasiados hombres. ¿Y Calibrí? Una rápida búsqueda me da la respuesta: tampoco (fue diseñada por Lucas de Groot, tipógrafo neerlandés).

«¿Será que no existen mujeres tipógrafas?» El pensamiento aparece de la nada para avergonzarme profundamente. «¿Será que no existen mujeres….?» Sin duda la pregunta que nos hemos hechos todos en algún momento en algún ámbito concreto. Y la respuesta siempre es: existen.

Así fue como descubrí el libro «Femme type: A book celebrating women in the type industry». Y la web typequality un repositorio donde encontrar miles de tipografías creadas por mujeres. Y aquí es donde llega la parte del compromiso. El compromiso de no dejar que la comodidad y la ignorancia dominen nuestros actos. La voluntad de poner nombre y apellidos a nuestras elecciones. Y elegir un nombre de mujer.

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