(Exposición) Des/orden moral.

El domingo pasado visité la exposición des/orden moral con una amiga. Ella es una de esas personas capaz de convertir un triste domingo en el mejor día de la semana, así que cuando me dijo de ir a verla, sin saber de qué me estaba hablando, me apunté.

Una vez allí, vagamos un poco desubicadas por el IVAM hasta que encontramos la exposición que habíamos ido a ver. Nada más cruzar la puerta tintada supe que aquello me iba a gustar. Paseábamos sin prisa entre familias, parejas y grupos de amigos que cuchicheaban y se reían. Domingo por la mañana. El museo a rebosar. Y de repente me giré y lo vi. Allí estaba. En silencio. Sin llamar la atención. Incluso mal iluminado. Un maravilloso cuadro de Tamara de Lempicka.

Perspective, Tamara de Lempicka (1933).

Traté de contener mi emoción y no salirme del circuito: lo peor que puedes hacer en época COVID. Tamara me había alertado y empecé a prestar atención. A leer las cartelas. Y buscando… encontré. Maruja Mallo, Romaine Brooks, Gerda Wegener, Vanessa Bell… aquella exposición me estaba encantando, pero descubrir aquellos impresionantes cuadros pintados por mujeres supuso una revelación: debía volver. Sola. Sin familias, sin parejas. Sin esa multitud que te apremiaba a seguir caminando.

Ernesto de Fiori, 1914
El montaje

El circuito COVID parece romper un poco la coherencia de la exposición, dividiendo salas, cortando la narrativa de forma muy poco natural. Las dichosas cortinas naranjas que impiden que te salgas del redil son como una vieja moqueta: producen calidez y repugnancia. Incomodidad e intimidad a partes iguales.

La exposición des/orden moral tiene un tema claro: la sexualidad en el período europeo entreguerras. El sexo como reflejo de lo humano, de la búsqueda de libertad, del arte. Una exposición que rompe una lanza por el love is love. Piel es piel. Una exposición llena de brillos, matices, detalles curiosos, sueños y sensualidad.

Obras de Mariette Lydis y Gerta Wegener
Detalles de obras «El mediodía» y «Mar en reposo» de Néstor Martín-Fernández de la Torre.

Os diré que volví. Sola. El miércoles por la mañana. Y no me quise ir: la vi dos veces seguidas y salí con miles de fotos en la retina (y en mi móvil) y una sonrisa bajo la mascarilla. Las entradas del IVAM son gratuitas hasta fin de año. ¿A qué esperáis?

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