El insomnio y Dora Maar.

Estoy enfadada. Quizá ese segundo café, descafeinado, no lo era en realidad. Quizá es el cansancio del trabajo y el estrés. O quizá es ese bienintencionado post en Instagram sobre Dora Maar.

Dora Maar. La entrada en este blog que siempre tengo pendiente escribir. Esas maravillosas fotografías. Las múltiples horas de documentación. El podcast, el documental, los artículos de prensa… Pero quiero serle justa y el enfado aún no me lo permite.

Porque aún no supero ese doble rasero imperante. Me enfadan las mujeres que aún no ven (y quizá nunca vean) mientras ignoro con indulgencia a los hombres que ni tan solo intentan ver.

Y qué difícil hablar de ellas. De todas ellas. Las musas, las amantes. Las que creaban «poco» y a la sombra. Las venidas a menos. Qué complicado hablar de quiénes fueron, de cómo fueron, de qué crearon. Y no dejarse arrastrar por el torbellino de los genios masculinos en su vida.

No quiero hablar de si en la expresión de Susana (en Susana y los viejos) vemos el dolor de la violación de Gentileschi. No quiero hablar de la depresión de Maar y decir que se volvió loca de amor y de celos. Porque la depresión es una enfermedad seria, y grave. Y porque hablar de mal de amores en plena segunda guerra mundial y tras la muerte de su madre mientras hablaba con ella por teléfono me parece una burla. No quiero hablar de la mujer que llora.

«Que no se entiende Dora sin Picasso». Así con sus grados: ella el nombre de pila y él su apellido de prestigio. «Ni Picasso sin sus musas, claro». Claro. U oscuro. Porque construir la imagen de mujeriego, perdón enamorado del amor, engrandece la leyenda de él. Y en cambio, ¿qué sabemos de Dora sin Picasso?

Y es voz populi que ella abandonó la fotografía por él. No soportaba el gran genio que nadie le hiciese sombra. Pero contar que ella quiso desde el inicio pintar…. Que quiso dedicarse al «gran arte», pero que era un espacio reservado. Que la fotografía en cambio era el digno pasatiempo de una señorita de clase acomodada. Contar el machismo calando hondo en la estructura social de comienzos de siglo… eso mejor otro día.

Mejor hablemos de ese amor que nunca superó. «Después de Picasso, tan sólo Dios». Y comienzo a creer la gran sorna con que Maar dijo esas palabras. O quizá es sólo la imagen que quiero tener de ella. Quiero verla rebelarse al acoso mediático con afilado humor. Quiero creer que se aisló de la vida, sí, pero huyendo de ser la eterna musa, la amante dolida y perdida que todos veían en ella.

Quiero guardar en mi memoria tan sólo la mujer inteligente, creativa, brillante que fue. Quiero limitarme a ver sus miles de imágenes. Quiero sentirlas, un siglo después, contemporáneas. Quiero maravillarme con su luz, sus fotomontajes. Quiero oír la leyenda de la gran fotógrafa que, tan joven, viajó sola por media Europa. Quiero ver la denuncia social en sus fotografías callejeras. Su éxito en las imágenes comerciales. Quiero ver, tan solo a Maar.


Algunos recursos:

2 comentarios

  1. Quan estàs darrere d’algú que brilla tu has de brillar molt més o el teu brillo serà el seu.
    Fas bé de posar-te ulleres de sol i no deixar-te enlluernar pel sol. Gràcies

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