Lee Krasner.

Ojeo el catálogo de la exposición «Lee Krasner. Color vivo». En muy pocas horas he cambiado el magnetismo de las obras que te atrapan en la proximidad, por el delicioso olor a libro nuevo. Si cierro los ojos aún me veo en la sala (quizá demasiado oscura) del Guggenheim, con todas mis altas expectativas superadas, feliz. No me quise ir. Recorrí la exposición entera un par de veces. Me hubiera quedado a vivir.

Another Storm, 1963

Lee Krasner nació en Brooklyn el año 1908. Procedente de una familia de judíos emigrantes rusos, tuvo claro desde niña que quería ser pintora. Recibió una formación artística excepcional para la época: fue al único instituto de mujeres con un programa artístico, a la escuela de arte para mujeres Cooper Union, a la National Academy of Design y finalmente (en el año 1937) estudiaría con Hans Hoffman.

Fue una mujer decidida, enérgica, implicada políticamente que vivió, durante su juventud, un momento histórico esperanzador. En 1920 se otorgó el derecho a voto a las mujeres en EE.UU. En 1929 se inauguró el MoMA, que puso a su alcance obras del mejor arte moderno: Picasso, Matisse, Cézanne, Rodin… En 1935 para combatir los efectos devastadores de la Gran Depresión tras el crash de Wall Street (1929), se creó el Federal Art Project, un proyecto con el que el gobierno encargaba trabajos a los artistas (elaborar murales, ilustrar fósiles,…) facilitándoles así la subsistencia.

El Federal Art Project trajo consigo dos maravillosas revelaciones: por un lado, supuso que los artistas tomaran consciencia de ser una comunidad; por otro, demostraba la validez de las mujeres como artistas profesionales, puesto que una quinta parte de ellos eran mujeres que además recibían el mismo sueldo.

Por su parte, Lee trabajó como camarera en el John Reed Club (punto de reunión de los intelectuales asociados al partido comunista) donde conoció a artistas tan importantes como Gorky, de Kooning o John Graham. Su personalidad resolutiva y decidida la llevó a participar activamente en la estructura del partido, del cual se desligó lentamente a final de los años 30.

Su ruptura con el partido se debió a las directrices real-socialistas que este tomó: los cuadros no eran sino medios para la crítica social, mientras que Lee prefería manifestar en ellos sus propias inquietudes. Su formación en cubismo/abstracción en la escuela Hans Hoffman sin duda tuvo mucho que ver con ello, ya que para ella supuso el punto de partida en la búsqueda de un estilo propio.

La guerra civil española en los periódicos, el bombardeo de Guernica (1937), ataques a la comunidad judía en Alemania que ya hacían sospechar que algo no iba bien, la Kristallnacht (1938)… el debate sobre cuál es el papel de un artista durante la guerra no hacía más que empezar. Pronto, tras el ataque a Pearl Harbor (diciembre, 1941) muchos artistas se alistarían en el ejercito mientras que otros a través de la cultura, tratarían de demostrar que la humanidad no estaba perdida.

La primera exposición profesional de Krasner sería un acto de protesta: Pink-slips over culture. Los pink-slips eran unos papeles rosa que indicaban que el despido de un trabajo. Con esta exposición los artistas protestaban ante la amenaza del cierre del Federal Art Project.

En noviembre de 1941 John Graham invitó a Lee a participar en la exposición «French and American Painting», cuyo objetivo era unir el gran arte europeo (Braque, Picasso, Derain…) y el novedoso arte americano (Pollock, de Kooning y Krasner, pioneros del expresionismo abstracto). Krasner, que controlaba todo el panorama artístico y de quien muchos afirmaban tenía el «mejor ojo» del momento, no conocía a Pollock, quien era un gran desconocido (y completamente asocial) en el momento.

Pero esta situación no duró mucho tiempo. Krasner visitó el estudio del que sería su marido, vio su trabajo y supo que estaba ante algo excepcional. A partir de ese momento convertir a Pollock en alguien conocido se volvería una de sus prioridades. También sería el comienzo de una relación de admiración y adoración mutua por desgracia cimentada en las inseguridades, el machismo y el abuso destructivo del alcohol de él.

Los años de la guerra fueron complicados para Lee. La muerte de su padre, de Piet Mondrian (gran amigo y admirador de su obra), la boda con Pollock (y su primera crisis matrimonial después de que él descubriera que ella no quería ser madre), la mudanza a Springs en busca de paz (y aislamiento social tratando de evitar las temibles borracheras de Pollock), … Todo ello bien adrezado con penurias económicas llevaron a Krasner a un bloqueo artístico del que saldría realizando mosaicos y pinturas inspiradas en jeroglíficos. Así serían sus siguientes años de matrimonio: épocas duras que la bloquearían artísticamente de las que renacería reinventándose una y otra vez.

La turbulenta relación con Pollock terminó en 1956 cuando este falleció en un accidente de tráfico (conducía borracho con su amante y una amiga de esta que también falleció). Enérgica y decidida como siempre había sido, tomo el estudio de Pollock como propio y trabajó sin descanso el resto de su vida. El éxito le llegó, sin duda, aunque quizá tarde y más descafeinado de lo que merecía: el expresionismo abstracto estaba «a la baja» y el papel de las mujeres en el arte mucho más.

Lee Krasner falleció el 19 de junio de 1984, tan sólo 6 meses antes de que se estrenase su retrospectiva en el MoMA.

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