Magdalena Abakanowicz.

La primera vez que entré en contacto con la obra de Magdalena Abakanowicz ni siquiera sabía quién era ella. Fue hace unos años en una visita a la Tate Modern. Recuerdo entrar en una sala inmensa. Blanca. Con lo que a simple vista me parecieron sacos de patatas gigantes, ocupando la sala aunque permitiéndote circular entre ellos. Inmediatamente el efecto de la escala se apoderó de mí. No eran lo suficientemente grandes como para sentirte un habitante de Liliput, pero sí como para desencadenar en mí muchas preguntas.

Para entender quién fue Magdalena Abakanowicz, debemos retroceder unos años antes de su nacimiento.

Durante la primera guerra mundial, en el año 1917, se produjo la llamada Revolución Rusa, que forzó a que la familia de Abakanowicz, polacos de origen noble, huyeran de Rusia hacia Polonia. Tres años después, al no estipularse con exactitud los límites de la frontera en el tratado de Versalles (con el que se puso fin a la Primera Guerra Mundial), Polonia quiso recuperar sus territorios del siglo XVII y los soviéticos los perdidos durante la gran guerra. Esto derivó en la invasión rusa de Polonia, que una vez más, forzó a la familia de Abakanowicz a abandonar su casa.

Diez años después, en 1930, nació Magdalena. Con tan sólo 9 años se desplazó con su familia a las afueras de Varsovia, donde sobrevivieron a la segunda guerra mundial (y a la invasión y ocupación nazi del país). Al terminar la guerra Polonia quedó bajo control soviético, y se impuso el social-realismo como el único tipo de arte aceptable, pero Magdalena no se ciñó a estas obligaciones.

Como muchos otros artistas polacos contemporáneos suyos Abakanowicz fue instruida en el arte textil: uno de los grandes pilares que sustentan su obra. Aunque comenzó su carrera como artista realizando pinturas biomórficas: peces exóticos, plantas imaginarias, etc.; a partir de los años 60 comenzó a realizar las esculturas de gran formato que le dieron la fama: los abakans. Fueron la escasez en un país devastado por la guerra, y un interés genuino en la escultura, los que hicieron que Magdalena comenzara a crear esculturas a partir de elementos naturales como resinas y tejidos.

Imágenes de la obra de Magdalena Abackanowicz ©

Durante toda su vida luchó por desmarcarse del concepto de artesanía en que se incluían las artes textiles, buscando que su arte fuese reconocido como «de primer nivel». Fue esta lucha por dotar de entidad propia a sus obras lo que la separó de forma irreconciliable del movimiento feminista. El feminismo trataba de reivindicar el arte decorativo textil como expresión artística, quería dotar de valor aquello que formaba parte del ámbito privado de la vida de las mujeres. Abakanowicz estaba concentrada en escribir su arte con mayúsculas.

Pese a ser conocida internacionalmente, no fue hasta que empezó a crear sus figuras humanoides (y su fundición posterior en bronce) que recibió reconocimiento más allá del ámbito textil. Falleció el año 2017 a los 86 años, habiéndose convertido en una de las artistas polacas de mayor repercusión internacional y una de las figuras más importantes de la escultura de la segunda mitad del siglo XX.


Enlaces de interés:
http://www.abakanowicz.art.pl/
https://en.wikipedia.org/wiki/Magdalena_Abakanowicz
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