Guggenheim.

Uno de los marchantes de arte más importantes del siglo XX. Un judío que arriesgó su vida permaneciendo en París para poder hacerse con grandes obras de pintores de la talla de Mondrian, Braque o Dalí mientras la segunda guerra mundial estallaba. A golpe de talonario, una obra al día, rescató (y se hizo una GRAN colección) cientos de obras que sin duda habrían sido destruidas. No contento con eso, ayudó a escapar de Europa a muchos pintores sin medios para ello.

Pero comencemos por el principio. Su padre falleció en el hundimiento del Titanic cuando él tan sólo tenía 14 años. Su fortuna, mal gestionada por su madre, menguó considerablemente y en cuanto alcanzó la mayoría de edad, heredó y se marchó a París lejos de los hermanos de su padre, ante los que se sentía pobre, empequeñecido.

A los dos años de estar en París se casó con una mujer bohemia a través de la cual conoció a muchos artistas del momento como Marcel Duchamp y Man Ray. Tuvieron dos hijos: Sinbad y Pegeen. Pero el matrimonio no funcionó y pronto abandonaría a su esposa por otra mujer.

Desgraciadamente esta mujer moriría al poco tiempo, al no despertar de la anestesia de una operación menor. Marcado por la pérdida, puso rumbo a Londres donde abrió una galería de arte moderno. En ella expondría, por primera vez en Reino Unido el gran pintor Wassily Kandinsky.

Sin apenas conocimientos sobre arte, tuvo la astucia de rodearse de amigos pintores y expertos que lo ayudaron y asesoraron. Aún así, la galería no llegó a ser económicamente rentable por lo que decidió cerrarla y abrir en su lugar un museo de arte moderno que rivalizara con el MoMA. Pero estalló la guerra frustrando sus planes. Volvió a París, y aconsejado por sus amigos empezó a comprar obras de arte frenéticamente.

Consciente del peligro que corría siendo judío en la Europa de la Segunda Guerra Mundial, no fue hasta tener aseguradas todas sus obras de arte que emigró a Estados Unidos. En el viaje se enamoró de una pintora surrealista con la que al poco tiempo de llegar a América se casaría.

Una vez en Nueva York montó la galería de arte más vanguardista que ha existido, con las obras colgadas de soportes que permitían girarlas para observarlas desde todos los ángulos, buscando la mejor luz. La relación con su esposa (una vez más) no funcionó y se divorciaron al poco tiempo. Su fama de mujeriego no dejaría ya de crecer, puesto que no volvió a casarse, y se sabe que se acostó con cientos de mujeres.

Pero volviendo a la galería, sería en este momento cuando su mecenazgo alcanzaría todo su potencial uniendo a los surrealistas franceses con los expresionistas abstractos americanos en sus exposiciones. Otorgándoles, a algunos de ellos, una renta que les permitiese vivir y seguir creando. Elevando a lo más alto a artistas tan desconocidos en la época como Pollock, que pronto se convertiría en uno de los pintores más destacados del siglo XX.

Años después de terminada la guerra cerraría la galería y se mudaría a Venecia, donde reside desde entonces su colección. En un gesto grandioso, en sus últimos años de vida donó su colección a la gran fundación de su tío, Solomon Guggenheim, garantizando así su pervivencia y escribiendo su nombre en la historia con letras doradas.

No quiero terminar sin hacer unos apuntes. Todos los pronombres de este post están mal. No es él, sino ella: Peggy Guggenheim. Algunos ya os habréis dado cuenta. Y el mero cambio del pronombre dificulta mucho la historia.

Fue criticada por la familia de su padre, los Guggenheim, por irse a vivir a Francia con los bohemios y no llevar una vida recta y ordenada. Se separó de su primer marido porque la maltrataba. Tuvo que renunciar a su hijo, al que dejó al cuidado de su padre, para poder vivir con su amante: un tribunal la habría separado de ambos hijos definitivamente. Tuvo que ver como a su hermana «se le caían» desde una azotea en un 13º piso sus dos hijos pequeños porque prefería verlos muertos a que los separan de ella por adúltera. Fue duramente criticada (incluso en la prensa) por su vida sexual y por anteponer su vida profesional a la familiar.

Y pese a todo, hizo su vida. Vivió como quiso. Fue transgresora, pionera en un mundo dominado por hombres. Y tuvo el valor de organizar una exposición de 31 mujeres, que quizá nos parezca poco pero recordemos que a día de hoy en la colección permanente del Prado tan sólo hay 4.


Peggy Guggenheim: Art addict. Disponible en filmin. (Maravillosa por sus imágenes)

Enlace a la imagen de la cabecera.

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