Teoría King Kong.

Había un libro que siempre llamaba mi atención. Lo veía en librerías, ferias del libro, recomendaciones de Facebook,…siempre en la sección de feminismo. Era cuestión de tiempo. Un libro fundamental para entender las «nuevas claves» del feminismo. Total que lo he leído. He leído Teoría King Kong de Virginie Despentes.

Comienza así: «Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las malfolladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme.» Menudo golpe de efecto. Me atrapó. En ese primer párrafo había muchas palabras que me molestaban. Palabras que no uso y que conceptualmente no tolero, pero entendía el mensaje.

Disfruté el primer capítulo. Su lenguaje directo, agresivo, me hizo creer que había encontrado el libro que pondría blanco sobre negro. Que disolvería todas mis dudas sobre feminismo. No fue así.

La autora ataca las dinámicas de poder de una forma que me sonaba muy marxista y a ratos viejuna, pero me hacía gracia: una punkarra de los 80 explicándote el mundo como si aún fuesen los 80. Y aunque no concibo su idea de matrimonio, como relación de poder y de ascensión en la escala social… que al final, nuestro mayor mal se llame capitalismo, es una historia que puedo comprar.

Pero llega el capítulo 3. Y la historia de su violación. Y su necesidad de entender la violación como «un riesgo a asumir» por el derecho a salir a la calle. Y uff. Intelectualmente la sigo, veo sus argumentos pero el estomago se me hace pelotilla.

Y entramos en el capítulo de la prostitución. Al que sigue el del porno. Y su defensa a ultranza de la necesidad que dar unas garantías a las mujeres que se dedican a ello. Te cuenta su experiencia como prostituta ocasional. Ella elegía quién, cómo, dónde, y qué. Dinero fácil. Una forma de «sacarle partido» a «aquello» que hizo que la violaran. Y aunque te lleva de la mano, y sigues un argumento tras otro, … mi cabeza sólo repetía: no, no, no, no.

Visceralmente no puedo asumir que la prostitución o la pornografía sean «un trabajo como cualquier otro». Entiendo su defensa de que vivimos en una sociedad reprimida que lo único que pretende es negarles a los hombres (¿a todos?) que satisfazcan sus deseos. Y me suena a viejo, y a rancio. Pero aunque lo entiendo, no soy capaz de entender que alguien quiera «vender» si no es en situación de necesidad. Y ella insiste, es nuestra oportunidad de sacarle partido al patriarcado como mujeres. Pero yo ni veo el partido ni me gusta el juego.

El libro es corto y lo termino. Tiene frases geniales. Brutales. Y me deja una gran inquietud. Aún no tengo argumentos sólidos. Aún no tengo el blanco sobre negro que buscaba. Sé qué hay cosas en ese libro que no soy capaz de rebatir, y que no quiero ni puedo asumir. Así que seguiré leyendo, buscando. Incluso cuando no me guste. Es imprescindible comprender para transformar. Y aquí aún hay trabajo que hacer.

Un comentario

  1. Supose que en això consisteix el joc, en que ningú ens done la solució perfecta però que en puguem aprendre en positiu, en negatiu o per omissió.

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