Masdar.

Ciudad ecológica. Ciudad libre de huella de carbono. Smartcity. Pero no ciudad del futuro. A pocos kilómetros de Abu Dhabi encontramos la (aún pequeña) ciudad de Masdar, cuya construcción está previsto que termine el año 2030.

Ahorro energético o sostenibilidad son conceptos totalmente ajenos a una sociedad que ha construido sus imponentes ciudades gracias al oro negro. Un país donde todo abunda y todo se puede comprar.

Suena tan chocante que construyan una ciudad libre de huella de carbono… que la única respuesta lógica que se me ocurre es el «greenwashig» o ecoblanqueamiento. Pero Masdar no es tan sólo una campaña de marketing. Es la apuesta de los Emiratos Árabes Unidos para cambiar su modelo de negocio: de proveedores de materia prima (petróleo) a economía basada en la tecnología. Es un intento de diversificar ingresos. También una inversión a futuro.

Tomando como referencia Silicon Valley, el estudio Foster+Partners ha diseñado una ciudad cuyo centro neurálgico es una universidad. Centrados en las energías renovables y la reducción de consumo de agua, los laboratorios de la universidad tienen una doble tarea: formar alumnos y aportar soluciones a las necesidades de la ciudad.

Viendo el documental «Building Green – Masdar City, exploring the future» llama poderosamente la atención una cuestión: Masdar es una ciudad diseñada hasta el más mínimo detalle.

Construir una ciudad en medio del desierto tiene sus particularidades. Tomando como referente los asentamientos árabes tradicionales: la proximidad entre edificios, la orientación de las construcciones para permitir pasar el viento, las torres de viento… Los arquitectos han asumido el reto de construir sin darle la espalda al clima.

Cada edificio ha sido estudiado para saber en qué horas incide el sol en su facha y con qué inclinación, lo que ha permitido diseñar la dirección de las ventanas y las celosías de cada edificio de forma individualizada. Además, los materiales de construcción han sido pensados para aprovechar los recursos y características de la zona, minimizando el transporte de materiales y maximizando la re-utilización y reciclaje de «residuos».

Al diseño cuidadoso hay que sumarle la constante investigación universitaria para mejorar la producción de energía y agua. Ósmosis reversa, campos y colectores solares, turbinas de vapor… Y el Gran Hermano. El consumo de agua y energía se mide y controla al milímetro. Saber quién ha consumido, cuánto y en qué momento. Si el consumo aumenta por encima de lo esperado durante el día, cuando anochece las torres de viento muestran una luz roja: todo aquello prescindible debe ser apagado, las duchas pueden esperar a mañana. El control individual acaba por volverse innecesario conforme crece la responsabilidad colectiva (al menos eso dicen).

¿Cuántos millones han invertido los jeques árabes? El ecologismo es una moda cara, diréis. Pero no es una moda. Es el único camino responsable hacia el futuro. Y tampoco tiene porqué ser la opción menos rentable: en Masdar se ha seguido la máxima de las 3P «People, planet, profit».

Y lo que sin duda han demostrado es que tan sólo mejorando el diseño de nuestros edificios podemos marcar una gran diferencia. Y ahorrar grandes cantidades de dinero en calefacción y aire acondicionado.

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