Zaha Hadid.

A veces imagino que, cual embrión y su placenta, nuestra mente es principio y final de todo. Nacemos calentitos con sus límites bien pegados a la piel. Aprehendemos y, sin esperarlo, se expande nuestro espacio. De pronto tenemos mayor libertad de movimiento y nuestra forma de ver todo cambia. Crecemos, aprendemos y nuestro mundo crece también. Los límites se van alejando. Por eso permanecemos siempre ávidos de conocimiento, de empujar los límites un centímetro más allá.

La primera vez que oí hablar de Zaha Hadid fue en el canal de youtube de Ter (que si no la seguís, os estáis perdiendo la salsa de la vida). Mi primer pensamiento fue: «¿¡Cómo no conozco a esta mujer!?». Y ahora, justo termino de ver el documental «Zaha Hadid: Who dares wins». Muy recomendable.

Zaha era una mujer nacida en el Iraq independiente de los años 50. Creció en un país que se modernizaba en cada aliento y en una familia (de clase alta) que le permitió experimentar cuanto quiso y tomar sus propias decisiones. Creativa y fuerte desde muy pequeña, vemos como sus múltiples referentes culturales y su amplitud de miras crean un marco donde la inspiración no puede más que trabajar a su servicio.

Su talento y grandeza es percibido por sus profesores y allegados de la Arquitectural Association de Londres mucho antes de que llegue su éxito profesional. Una mujer trabajadora, respetada en su comunidad, tan genial que todos quieren trabajar con ella antes incluso de construir su primer edificio. Mucho antes de ser la primera mujer en ganar el Premio Pritzker (el «nobel» de arquitectura), o de que le concedieran el Praemium Imperiale (uno de los premios internacionales de arte más importantes del mundo) o la Orden del Imperio Británico.

Mi intención era terminar aquí. Pero Zaha tiene (además de una empresa con 400 trabajadores) un compañero. Patrik Schumacher. Alguien a quien acoge como su protegido cuando aún no es más que un estudiante y llega a convertirse en director de su empresa y coautor de sus edificios.

En la entrevista, Zaha se nos muestra como una mujer generosa con su trabajo y su éxito profesional, que siempre habla en plural de todos sus proyectos. Él, en cambio, enciende todas mis alarmas cuando comenta «el gran ego» de la arquitecta. Donde vemos una mujer segura de sus capacidades, consciente de su gran talento y que agradece en varias ocasiones la lealtad y trabajo de sus compañeros y de entre ellos, especialmente a Patrik; él nos presenta una mujer con carácter, difícil de tratar y demasiado exigente.

Al terminar el documental, me siento frente al ordenador. Quiero saber más. Desmontar mi imagen preconcebida de un hombre que no encaja bien vivir a la sombra de una mujer. Pero lo que encuentro es lo siguiente:
1.- Zaha Hadid murió en 2016.
2.-Declaraciones de Patrick Shumacher abogando por la desaparición de la vivienda social y la privatización del espacio público.
3.- Patrick Shumacher quiere destituir a los 3 albaceas de la herencia (75 M€) de Zaha porque no le permiten tomar decisiones que estos creen irían en contra de los deseos de la arquitecta.
4.- Una entrevista a Patrick Shumacher en el tercer aniversario de la muerte la arquitecta en que comenta que está trabajando en un rebranding: parece que trabajar bajo el nombre de una mujer (Zaha Hadid Architects) no nos gusta. Aunque esa mujer sea una de las mejores arquitectas de la historia de la humanidad.




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